Zumba me salvó

Zumba me ayudó a sanar, a recuperar mi alegría y a encontrar un nuevo propósito. Hoy, además de ser mi pasión, es mi emprendimiento... Esta es la historia de cómo Zumba me salvó.

Marlet Velazco

6/12/2026

Zumba me salvó

Hace muchos años atravesé una de las etapas más difíciles de mi vida. Emocionalmente me encontraba perdida, atrapada en un limbo del que parecía imposible salir... Con mucho esfuerzo cumplía con mis responsabilidades diarias: iba a trabajar, mantenía mi hogar y seguía adelante porque tenía que hacerlo, aunque por dentro me sentía completamente agotada.

Desde siempre me gustó la actividad física. Practiqué yoga, pilates, expresión corporal y danza contemporánea. El movimiento era parte de mi vida, pero en aquella época, antes de entrar en ese limbo, decidí probar cosas nuevas. Comencé a entrenar CrossFit y me involucré en un deporte completamente desconocido para mí: el rugby.

Para mi sorpresa, descubrí que era buena en ambos. Aunque dudaba mucho de mí misma, me sentía fuerte y capaz. Sin embargo, la vida tenía otros planes. Diversas situaciones personales hicieron que mi mundo cambiara por completo y mis emociones empezaron a jugar en mi contra.

Me encerré en mí misma.

Pasaba gran parte del tiempo en mi habitación. Dejé de salir, dejé de disfrutar muchas cosas y únicamente iba al trabajo porque era una obligación. Poco a poco me fui desconectando de la vida.

Un día, reuniendo más fuerza de la que creía tener, decidí empezar a asistir al gimnasio, ya que en el equipo de rugby, comenzaron a extrañarme a pedirme que volviera a entrenar y me habían sugerido complementar mis entrenamientos en el gym, como beneficio adicional por entrenar con el equipo... y finalmente acepté.

Comencé haciendo máquinas, levantando pesas y siguiendo rutinas tradicionales. Pero había algo que llamaba mi atención... Desde lejos observaba las clases grupales. Veía personas bailando, sonriendo y disfrutando de la música. Parecían muy felices. Y eso era exactamente lo que me hacía falta. La verdad es que me daba muchísimo miedo entrar.

Siempre fui "dos pies izquierdos" para los ritmos latinos. La salsa, el merengue y el reggaetón nunca fueron mi fuerte. Curiosamente, la danza contemporánea se me daba bastante bien, pero los bailes populares me intimidaban. ¡Aun así, decidí intentarlo!

Primero entré a las clases de bailoterapia. Después me animé a probar Zumba. Y más tarde, aunque con muchísimo miedo, ingresé a Strong Nation, una clase que me imponía respeto desde que la veía desde afuera. Sin darme cuenta, algo comenzó a cambiar.

Cada vez iba menos a la sala de máquinas y más a las clases grupales. Yo le llamaba "la clase de la gente feliz". No importaba cómo llegaran las personas, todos terminaban sonriendo. Había energía, compañerismo, música y alegría.

Y poco a poco, esa felicidad empezó a contagiarme.

Lo que comenzó como una simple actividad física terminó convirtiéndose en un refugio. Un espacio seguro donde podía olvidar por una hora mis preocupaciones y volver a sentirme viva.

Con el tiempo fui ganando confianza. Dejé de esconderme al final del salón y empecé a colocarme adelante. Los instructores me animaban constantemente y algunas veces incluso me invitaban a subir al escenario. Aquella mujer que había llegado con miedo ya no era la misma.

¡Entonces ocurrió algo inesperado!... Perdí mi trabajo....

Fui despedida de un empleo que amaba profundamente. Un lugar que me dio grandes oportunidades, donde aprendí muchísimo y al que siempre recordaré con cariño... Sin embargo, esta vez la historia fue diferente.

Años atrás, una situación así me habría derrumbado. Pero gracias a todo lo que había vivido dentro de esas clases, encontré una nueva oportunidad. Sin pensarlo dos veces tomé una decisión:

¡Me convertiría en instructora de Zumba!... ¡Me certifiqué!... Sabía perfectamente por qué lo estaba haciendo... ¡Porque Zumba me había salvado!

Me ayudó a salir de la oscuridad. Me devolvió la alegría. Me hizo reencontrarme conmigo misma cuando creía haberme perdido...

Por eso entendí que mi propósito ya no era solamente asistir a una clase. Mi propósito era ayudar a otras personas a sentir lo mismo que yo sentí.

Con el paso del tiempo, Zumba dejó de ser únicamente una actividad que me ayudó a sanar. Se convirtió en mucho más que eso: se transformó en mi emprendimiento, en mi proyecto de vida.

Lo más hermoso de esta historia es que aquello que me ayudó a levantarme cuando estaba emocionalmente caída, hoy también me permite construir mi futuro. Lo que comenzó como una búsqueda de bienestar terminó convirtiéndose en una profesión llena de propósito.

Vivo de compartir energía, motivación, movimiento, bienestar y alegría con otras personas. Vivo de crear experiencias que ayudan a otros a sentirse mejor física y emocionalmente.

Y cada vez que veo a alguien sonreír al final de una clase, recuerdo exactamente por qué decidí seguir este camino. Nunca imaginé que aquello que me salvó terminó siendo mi forma de vida.

Quiero que cada persona que llegue a una clase o a un evento, sea conmigo o con cualquier otro instructor, descubra que el ejercicio es mucho más que movimiento. Que la música es mucho más que entretenimiento. Que una hora de baile puede convertirse en un refugio cuando la vida parece demasiado pesada.

Espero que mi historia resulte familiar para muchas personas. Porque sé que detrás de cada sonrisa hay alguien que ha librado sus propias batallas. Y sé que muchas personas llegan a una clase buscando ejercicio, pero terminan encontrando algo mucho más valioso: confianza, amistades, motivación, bienestar y una razón para volver a sonreír.

Y si algún día vuelvo a atravesar momentos difíciles, sé exactamente dónde encontrarme nuevamente.

En una pista de baile.

Entre sonrisas.

Entre personas que buscan sentirse mejor.

Entre canciones que me recuerdan que la felicidad todavía existe.

Porque Zumba fue mi refugio.

Me salvó cuando más lo necesitaba.

Y hoy tengo la fortuna de compartir ese refugio con muchas personas más...

Marlet Velazco